helena resano

Periodista


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Triunfar

Es la palabra maldita. La que marca la línea roja de la frustración o del fracaso.

Si no has triunfado en tu vida laboral, o en tu vida personal o tu equipo no ha triunfado en la competición, ¿qué te queda?…..Morirte de asco lamentando tu mala suerte, tu mal hacer, tu mal fario. Sí. Suena duro. Pero la sociedad es lo que nos impone: o triunfas o pierdes. No hay más opciones. Y así, con esa frase marcada a fuego en nuestro ADN, salimos al paso en cada etapa.

De niños en los partidos del fin de semana. Lo primero que le preguntan los abuelos o los tíos o los amigos cuando ven al niño que llega vestido con su equipación de fútbol o de rugby o de lo que juegue es “¿qué habéis hecho? ¿Habéis ganado?¿cuántos goles o ensayos has metido?”. Y claro, si han ganado fenomenal, porque el peque narrará el partido con pasión, detallará ese golazo que ha metido, pero y ¿si han perdido? Pues si han perdido digieren la preguntita como mejor pueden y balbucean un lamento del tipo “no……perdimos”. ¿No es más fácil y más constructivo preguntar “qué tal te lo has pasado en el partido”???…. No sé. ¿Por qué valoramos tanto el triunfo desde tan pequeños? ¿Y por qué lo remarcamos asi? Si sólo le preguntamos qué tal sé lo han pasado nos contarán su percepción de ese momento. Han estado con los amigos jugando a un deporte y bueno, esta vez han ganado o han perdido, pero se lo ha pasado tan bien que el resultado poco importa. Porque luego entramos en los individualismos claro. Termina el partido y el padre que va contando que es que su hijo ha marcado dos goles. Bueno. Fenomenal, pero lo importante será el equipo, digo yo, ¿nooooo?

Y con ese training nos plantamos en la adolescencia y para qué queremos más. Y con toda la mochila llena de triunfos y fracasos llegamos a la madurez, absolutamente presionados para que, elijamos la profesión que elijamos, lo primordial es TRIUNFAR. Así. Con letras bien grandes.

Y en nuestro ámbito ¿qué se considera triunfar? Lo primero. No eres nadie si no tienes un despacho y tarjetas de empresa con tu nombre y tu cargo ahí en negrita para que se lea bien. El grado del triunfo es directamente proporcional a los metros cuadrados de tu despacho. Qué hagas o qué has hecho para llegar ahí poco importa. Tú tienes tu despacho y que te tosa alguien. Los hay, muchos, que con tener cuatro paredes y una puerta a la que haya que llamar para poder entrar les basta. Lo suyo es un despacho triste, gris, pero un despacho al fin y al cabo y me sirve para aislarme de todo lo demás. Para dejar de tocar tierra y empaparme de lo que ocurre fuera de mis cuatro paredes.

El triunfo de los mediocres. Es el título que muchos han puesto a esta etapa de crisis que no acaba. Porque en la lista de triunfar empezábamos con el despacho y lo siguiente era tener una casa, un coche, unas espléndidas vacaciones y un montón de créditos con el banco. Hemos triunfado TANTO que hemos muerto de éxito.

Ayyy, señor.

Pero oye, que hemos triunfado eh. Eso que no lo ponga en duda nadie. A todo esto ¿me divertí mientras llegaba hasta aquí? Porque era de eso de lo que se trataba. Ponle una sonrisa a esto que llaman vida porque si no no merece la pena.

Buen Finde!

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Con memoria hay futuro

El próximo lunes en Michigan, en la Universidad del Estado, en una charla en el departamento de lenguas romanas, un puñado de profesores y alumnos va a escuchar durante una media hora una historia sobre odios. Sobre una guerra, un pueblo dividido y sometido a una dictadura durante 40 años y una sociedad que tras esa etapa ha preferido olvidar y perdonar. Una sociedad que no ha querido abrir sus heridas y juzgar aquellas atrocidades. Una sociedad en la que matar por envidias no se castigó. En esa pequeña sala de esa universidad cerca de Detroit hablarán de fosas y de mujeres, hermanos o hijos que siguen buscando el cuerpo de sus familiares para enterrarlos. Como JoseMari. Que lleva los últimos 74 años preguntándose dónde está su padre. Cuando tenía 8 años se lo llevaron preso. Semanas después les dijeron que lo habían fusilado junto al cementerio de Hernani. José Mari prefirió vivir su infancia pensando que el Aitá se había ido a otro país huyendo de la guerra. Aquella idea era más soportable que la de saber que nunca más le volvería a ver. De adulto le buscó en los trenes que llegaban de Francia y sólo cuando formó su familia supo con certeza que su padre estaba muerto ¿Pero dónde? Entonces empezó una batalla de silencios, de preguntas sin respuesta para averiguar dónde estaba el cuerpo. Ahora tiene 84 años y sigue buscándolo. Y empieza a temer que nunca nadie llegue a encontrarlo. Que la memoria de su padre se apague con la suya.

En ese despacho de Michigan el lunes hablarán de impunidad. De memoria histórica, de un juez llamado Garzón que el otro día en la universidad de Santiago le llamaron fascista. Y hablarán sobre las recomendaciones que Naciones Unidas nos hizo sobre este asunto: derogación de la ley de Amnistía del 77 para que se puedan investigar los crímenes, recursos para las víctimas del franquismo y una remodelación del Valle de los Caídos, porque todo esto “no es un asunto de política partidista”.

En ese despacho de Michigan escucharán todo esto por primera vez. Lo contará un tipo que aspira a una plaza de catedrático en esa universidad. No es español. Nació en Phoenix pero lleva los últimos 10 años investigando nuestra historia más reciente y dedicando sus veranos a recorrer nuestra geografía con pico y pala para echar una mano cada vez que se empezaba a desenterrar una fosa común en una cuenta. Hizo un pequeño documental y con todo ese material elaboró su tesis.

El lunes, en Michigan, se hablará de víctimas. Porque pase lo que pase, las víctimas serán víctimas ahora y siempre. Y en nuestra memoria está no olvidar nunca el recuerdo de ninguna víctima. Ni de las de entonces ni de las de ahora.

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Ellas

Llevaba semanas dándole vueltas a este último post del año y tenía clarísimo que quería dedicárselo a ellas. A María, a Concha y a Rosalía. Sé que estos días muchas publicaciones dedican sus páginas a repasar los nombres y los personajes del año. Pero yo no quería situarlas como personajes. La etiqueta les queda muy corta.

No sé vosotros pero yo me paso la vida exprimiendo momentos. Aprendiendo a ser feliz, a valorar lo que tengo, a saborear esas sonrisas, esos gestos, a no perder minutos en enfadarme por tonterías y saber dedicar horas a lo que importa. A no desperdiciar mi vida en odios o en preocupaciones absurdas. Vivo casi obsesionada con no dejar de decir gracias cada día por lo que tengo y a no lamentarme por lo que no llegó. Alcanzar la felicidad no es la meta. Vivir la vida es el objetivo.

Ellas, María, Concha y Rosalía, lo hicieron. No las conocí como me hubiese gustado. No me senté a hablar con ellas delante de una taza de café. No pude preguntarles todo lo que quise. Sólo con Concha tuve la suerte de coincidir varias veces y de intercambiar mensajes, pero todas ellas lograron captar toda mi atención. Leía sus entrevistas, me quedaba pegada frente al televisor cuando aparecían. Las escuchaba porque lo que tenían que decir me parecía interesante. Porque su mensaje era siempre positivo. Porque fueron un ejemplo. De muy poca gente se puede decir eso. De muy poca gente podemos aprender.

María nació tras su accidente con su monoplaza. Estuvo a punto de morir, perdió un ojo, pero cuando se recuperó supo qué quería. Supo ver la segunda oportunidad que le había brindado el destino y se volcó en decirle a la gente que sonriera. Que disfrutara de la vida porque era maravillosa y que de una desgracia, de perder un ojo y chocar contra un camión, surge una nueva vida. Mucho más tranquila. Mucho más feliz. Con su parche de colores se recorrió platos y escenarios demostrando que si se quiere se puede. Y todo lo decía sin dejar de sonreír. Siempre…… Recuerdo perfectamente cómo me enteré de su muerte. Estaba sentada en el coche. Acababa de aparcar frente al cole de mis hijos y me quedé paralizada. Justo ahora. ¡¿Por qué!?

Sentí la misma indignación y la misma incredulidad cuando me enteré de la muerte de Concha. ¡Ahora no, no! Había superado la primera fase y ésta parecía una mera recaída. Su vuelta a la tele era cuestión de meses. Y había empezado a hablar del cáncer en pasado. Contaba cómo había sido el proceso, cómo lo había vivido ella y su familia, sus hijos. Cómo le había servido para resetear prioridades. Parar y ver con detenimiento dónde estás y a dónde quieres ir. Me consta que ella nunca se rindió y que era quien sembraba las esperanzas de que la enfermedad no le vencería. Me acuerdo muchos días de ella, de sus hijos, de los paseos que daba por el campo y tuiteaba después…..

A Rosalía la descubrí tarde, gracias a una entrevista que ví en televisión. Hablaba de futuro, de superarse, de no rendirse y de aprovechar las crisis para reinventarse. Le preocupaban los jóvenes en paro, hablaba de oportunidades. De repensar esta sociedad. Leí mucho sobre ella después. Del hijo que le hizo parar y pensar en los demás. Su vida había sido siempre superación. Cuando murió recordé esa frase que dijo ella: aquí estamos de paso. Hay que aprovechar cada minuto.

Ellas ya no están. Se fueron. Demasiado pronto las 3. Al menos para mi. Pero es curioso porque siempre que pienso en ellas las recuerdo sonriendo. Sonriendo… Sonrían por favor, va por ellas.


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Aplausos

Estados Unidos respira. Esquivaron por la mínima hacer Historia (con mayúsculas sí) y entrar en suspensión de pagos.

No voy a entrar en valoraciones sobre el espectáculo político que han supuesto estas semanas de pulso entre republicanos y demócratas y luego entre republicanos moderados y republicanos del Tea Party. Visto desde la distancia te lamentas que ni en su caso la política esté por encima de los intereses de partido o intereses personales. Muchos se han frotado las manos con este impass, China ha empezado a plantearse seriamente que el dólar no es la divisa de referencia y que la hegemonía norteamericana terminó hace mucho tiempo. El coste político va a ser alto. Y allí lo saben.

Pero yo quiero resaltar una imagen que me ha llamado muchísimo la atención. El plano del Congreso, con esos títulos antiguos (podrían plantearse cambiar de tituladora, noooo?. La que tienen se debió de comprar en la época de Kennedy!….comentario frívolo) dando el número de “sies” y “noes” logrados en la última votación de esta madrugada. Era la imagen de que por fin el acuerdo llegó. Después de semanas de negociaciones, de reuniones, de declaraciones, se firmaba el pacto y ningún senador se puso a aplaudir. No hay aplausos en esa imagen, ni se escuchan ni se ven. ¿Raro?

Ayer, la niebla me dejó encerrada un buen rato en el coche camino del trabajo. Iba escuchando la radio, cambiando de emisora, buceando en el dial. En un momento escuché aplausos, sonoros, una ovación larga y me dije ¿he puesto radio 3? ¿Estoy escuchando algún concierto de música clásica? ¿Una obra de teatro? No! Era el final de la intervención del presidente del Gobierno en la sesión de control. La he visto millones de veces, es el ritual de los miércoles. La he visto en directo en mi época de redactora y desde la señal del Congreso luego. Y siempre se ha aplaudido, la bancada de la derecha y la de la izquierda, la azul y la de la oposición, se aplaude mucho en el Congreso pero nunca hasta ayer caí en la cuenta de lo fuera de lugar que estaban esos aplausos. ¿Por qué aplauden sus señorías? ¿Qué hay que ovacionar?

Las sesiones de control, las sesiones parlamentarias en general deberían ser serenas. En el tono y en las formas. Apasionadas pero respetuosas, y lo más importante, repletas de contenido, no te ocurrencias. ¿Alguien me aplaude?


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¿Y si nos equivocamos?

Siria ya fue un problema durante la campaña para su reelección. Problema que se agrandó tras el ataque a Bengasi. A Obama le echaban en cara que estaba siendo demasiado tibio y que los países de la zona, especialmente Irán, interpretaban esa falta de respuesta como un signo de debilidad. Mataron a su embajador en Libia y acusaron a su administración de ocultar los verdaderos motivos de ese asesinato. No fue un ataque más en medio de las revueltas árabes, como se hizo ver en un principio: fue un ataque premeditado un día antes del 11-S.

No sé si siguen Newsroom o no. Estos días se emite la segunda temporada y a Aaron Sorkin me imagino que las noticias de estas semanas se le estarán atragantando: se parecen demasiado a la trama sobre la que giran los nuevos capítulos. No se la voy a destripar, no se preocupen. El argumento central es una información que llega a la redacción sobre un supuesto ataque de las tropas norteamericanas en Afganistán con….gas sarín. ¿Les suena?

Ayer Obama y su equipo de seguridad presentaron las pruebas que demostrarían de forma clara que Al Assad utilizó armamento químico contra su población. Informes de inteligencia obtenidos con espías que llevan meses trabajando sobre el terreno, es lo que nos dijeron. Estoy convencida de que nos han contado la mitad. Que esa informacion se consiguió de otra forma imposible de admitir ahora mismo ante miles de cámaras. Mientras desgranaba ese informe, John Kerry admitía que los expertos han debatido y repasado los datos una y otra vez porque el error de Iraq y las supuestas armas de destrucción masiva de Sadam pesaban demasiado en la memoria de todos. Recuerdo perfectamente a Colin Powell defendiendo ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la existencia de esas armas. Todos sabemos que nunca se encontraron porque nunca existieron. Solo espero que esta vez, esos mismos hombres de “inteligencia” de los Estados Unidos de América, no se vuelvan a equivocar y hagan honor a ese nombre de “inteligencia”.

Mientras escribo este articulo la Casa Blanca acaba de anunciar que en una hora (19.30 hora peninsular) Obama realizará una declaración sobre Siria. Así que parece que la suerte está echada.

Ah, por cierto. Volviendo a Newsroom. Lo dicen en el primer capitulo así que no les destripo nada. La informacion, después de haberla confirmado por 6 fuentes, era falsa.


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Sexy

Acabo de enviar primer tuit en semanas. Me había ido de vacaciones y desde que llegué a Twitter me propuse que en vacaciones haría siempre un parón. Se lo debía a mis hijos. No quería escuchar la frase de “jo mami, deja ya el teléfono”. Me ha costado pero no he roto mi promesa.

Pero además creo que de vez en cuando el silencio es necesario. Para escuchar a los demás y para reflexionar sobre dónde estamos. Me admiran es@s colegas que tienen opinión sobre todo. Y casi siempre negativa. Vivimos en la crítica. Constante. A todo y a todos. Y en esa espiral de criticar y opinar nos olvidamos de escuchar. De observar lo que ocurre más allá de nuestro iPad. Más allá de nuestras narices. El narcisismo se está apoderando del mundo de las redes y sinceramente me agota.

Ese primer tuit con el que salgo de mi silencio ha sido sobre el discurso del actor Asthor Kuchner. Brillante y valiente. Recogía un premio el domingo (un premio en forma de tabla de surf) y con gorra y vaqueros decidió hacer un alegato a favor de lo auténtico. Desveló que su nombre es Chris y que estaba bastante harto de las mentiras que rodean su vida. La primera la de su nombre. Que cuando sólo era Chris era más feliz. Trabajó con su padre en una fábrica de barrotes, en un taller, y tener una oportunidad en la vida es un gran trabajo. Habló de qué significa ser sexy. Ser sexy no es ser atractivo, guapo. Es ser inteligente. Considerado. Generoso. Lo demás, dice Kuchner, es una mierda. Literal.

Suscribo cada una de sus afirmaciones. Incluso cómo lo ha dicho. Nos hemos perdido en un mar de apariencias. De intentar ser el/la más. Y aquí pongan el adjetivo que quieran. Sagaz, mordaz, incisivo, perspicaz. Y nos hemos olvidado de dejar de ser nosotros mismos.

Perdemos la esencia de ser sexy. El éxito fácil es el vía rápida para conseguir fama y gloria. Dinero. Y en el camino hay tantos matices que cuando por ejemplo muere Rosalía Mera nos paramos en seco y nos damos cuenta que la vida es mucho más. Hoy Juan Cruz recuerda la entrevista que le hizo Iñaki Gabilondo. Una conversación que estos días he recordado muchas veces. La ví el día que la emitieron, hace como año y medio, dos años, en Canal Plus. Conocía al personaje pero no conocía a la persona y me pareció una mujer fascinante. Pegada a la realidad. Preocupada por el futuro de los jóvenes, de las oportunidades que esta sociedad les brindaba. Conocía el movimiento 15M. Estaba enfadada por la estafa de las preferentes. Habló de su fundación. Siguiendo el consejo de Kuchner, era una mujer tremendamente sexy.


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Gripazo

El virus lleva en casa varios días y amablemente ha querido esperarme, paciente, hasta el viernes para dejarme KO todo el fin de semana. Es domingo por la tarde y a estas alturas mi cabeza empieza a despejarse, la nariz sirve de nuevo para respirar y el cuerpo, aunque flojo, dice “aquí estoy”.

Ponerse enferma. De niña es casi un pequeño placer. Te pierdes cole, tu madre te prepara tu comida preferida y te dejan estar en el sofá con una manta viendo un poco de tele. De mayor….bueno, más mayor. Es incierto cómo seremos atendidos de “más mayores”

La semana pasada un médico de un hospital cualquiera de Madrid me contaba cómo había sido su guardia de esa semana. Uno de sus pacientes, tras una intervención compleja le había dado un susto en mitad de la noche. Le avisaron que perdía demasiada sangre. Su instinto, curtido a base de años de guardia y cientos de quirófanos, le dijo que aquéllo no sonaba bien y, aunque no le tocaba, decidió bajar a la UVI. Para verle. Y lo que vió no le gustó. Sin pensárselo dos veces pidió quirófano de forma urgente y en 10 minutos estaba abriéndole el cuello y comprobando que la aorta estaba perforada y que su paciente se le iba. Actuó rápido. Suturó. Reparó. Y le salvó la vida. Me contaba que había empleado un producto, carísimo, que se utiliza para “sellar” las suturas. No recuerdo el nombre, pero sí que cada vez que lo utilizan tienen que justificar el gasto.

Supongo que cuando un paciente se te va, lo de menos es “cuánto te estás gastando en salvarle la vida”. Pero hasta eso ha cambiado. En muchos hospitales de Madrid llevan años intentando ser más eficientes con menos. Han logrado ser hospitales de referencia en muchas patologías, en muchas terapias, en muchas intervenciones. Los médicos han estirado sus horarios para lograr en una mañana hacer 4 quirófanos en lugar de 3. Pero ahora, les piden lo contrario. Hacer menos para gastar menos. Empezar a las 10 y terminar a las 13.00.

Cuando me despedí pensé “malos tiempos para ponerse enfermo”. Buscar la eficacia es legítimo y necesario. Pero hacer una política de ahorro con orejeras y sin criterio, nos deja en una situación precaria. Este fin de semana cientos de estudiantes de medicina se han presentado al examen MIR. Esos futuros residentes son los médicos que nos atenderán en nuestra vejez. Atenderán a nuestros hijos y a nuestros nietos. Si ellos no pueden lograr la excelencia de la que gozamos ahora mal vamos. Nuestra sanidad es referente en muchos ámbitos. No permitamos que esta crisis sea una gripe, convertida en un virus que lo contagia todo y lo destruye todo.